12/13/2010

Breve historia de la ciencia ficción mexicana


Por lo que he podido deducir de mis pesquisas, España es la primera "potencia" en cuanto a literatura hispana de ciencia ficción se refiere. La segunda, México. Ambas tienen el mismo problema, se publica poco o nada de este género. En esta entrada les ofrezco mi traducción de un interesante artículo que he leído en el magacín web Strange Horizons. Data del 22 de noviembre de este año, y relata la accidentada historia de la literatura de ciencia ficción mexicana: desde el siglo XVIII hasta la actualidad. De hecho, creo que algunos de ustedes podrán concluir que resulta demasiado similar a la española.

En el comienzo de la década de 1980, la ciencia ficción mexicana encaraba una muerte en espiral. Entonces, de repente, algo raro sucedió: una nueva generación al completo de escritores empezó a producir historias originales, únicas, que no eran copias de escritores norteamericanos o británicos. La ciencia ficción mexicana estaba a punto de entrar en racha.

¿Cuál fue el gran impulso tras esta explosión de ciencia ficción? Un concurso organizado por el CONACYT y el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Puebla, con los relatos cortos vencedores ganando su publicación en la publicación científica y de no ficción Ciencia y Desarrollo. No era la primera vez que Ciencia y Desarrollo había dado prominencia a la ciencia ficción en sus páginas. Había incluido relatos de autores extranjeros y, en 1983, imprimió su primera historia de ciencia ficción mexicana titulada "La tía Panchita".

De todos modos, el Certamen Nacional de Ciencia Ficción Breve de Puebla y su asociación con Ciencia y Desarrollo, aseguró que mucha más ficción nacional llegara a ser introducida en cada número. El ganador del primer certamen fué Mauricio-José Schwarz en 1984. Schwarz, junto con otros escritores como Federico Schaffler -quien también dirigía el magacín especulativo "Umbrales: literatura fantástica de México" (1992-2000)- representaban el nuevo movimiento de ciencia ficción mexicana: jóvenes, entusiastas, y atrevidos en su lenguaje y estructura [1].

Estos premios, y una nueva ola de escritores, parecían indicar que la ciencia ficción mexicana conseguía asentarse por su cuenta. Sin embargo, después de estar en la cumbre durante veinte años, esta ola de confianza se estrelló de nuevo en la década del 2000. ¿Pero donde se originó la ciencia ficción mexicana? ¿Quiénes fueron los precursores que ayudaron al lanzamiento del boom de los ochenta? ¿Y cómo exactamente pasamos de un hundimiento a un boom y a otro hundimiento en la década de 2000?

En el comienzo

Mientras la fantasía mexicana ha crecido exuberante y verde en la forma del realismo mágico, la ciencia ficción ha tenido un período más duro para echar raíces.
Comenzó en el siglo XVIII, gracias a un poco conocido monje franciscano llamado Manuel Antonio Rivas, quien tuvo problemas con la inquisición española por, entre otras cosas, escribir un relato de ciencia ficción con un título extremadamente largo. [2] Antonio Rivas fue acusado de conducta inapropiada para un sacerdote. Leyó libros prohibidos, escribio textos difamatorios sobre otros monjes (los cuales distribuía al acabar las misas), y creó un calendario astronómico que incluía un breve relato de ciencia ficción imaginando cómo podría ser el viajar a la luna.

Tiempo después, Jose Joaquín Fernández de Lizardi dedicó dos capítulos sobre una utópica isla en su novela "El periquillo sarniento" (1816), la cual criticaba y parodiaba el dominio español y la estructura colonial al completo, y es aclamada como un ejemplo de construcción de una nación y de desarrollo de una identidad mexicana separada de la española. [3] Así como su predecesor, Lizardi acabo en prisión y agentes españoles embargaron su libro (deteniendo eficazmente la impresión de la primera novela latinoamericana en su recorrido). Una década después de la independencia de México, el libro fue publicado, pero para entonces Lizardi había muerto de tuberculosis, acabando enterrado en una fosa anónima.

Las cosas parecieron mejorar después. En 1840, la revista literaria "El ateneo mexicano" publicó un relato corto titulado "México en el año 1970". Pedro Castera publicó "Un viaje celeste" en 1872, y una novela titulada "Querens" (1890), la cual puede ser considerada la primera novela de ciencia ficción mexicana [4].

Entre todo esto llegó Amado Nervo, el poeta más famoso de México. Nacido en 1870, es una de las figuras fundacionales de la ciencia ficción latinoamericana contemporánea, junto con Horacio Quiroga de Uruguay y Leopoldo Lugones de Argentina. El premio Kalpa fue denominado a partir de uno de los poemas de Nervo, y fue concedido a trabajos distinguidos de la ciencia ficción mexicana desde 1992 hasta 1999. Francisco L. Urquizo, un general más conocido por sus narraciones revolucionarias tales como "Tropa vieja", también chapoteó en la ciencia ficción. Escribió algunas historias cortas (una sobre un hombre invisible) y una novela de ciencia ficción, "Mi tío Juan" (sobre un genio que inventa una forma de alimentar a los pobres del mundo).

También se hallaba "Eugenia" (1919), de Eduardo Urzáiz Rodríguez, un relato del tipo pre-Huxley sobre una distópica Subconfederación de América Central en el año 2218. Descrita como "una apología de la eugenésia y el amor libre... que preveía la reproducción in vitro y posiblemente la clonación a través del Instituto Estatal de Eugenésia..." [5] su novela es oportuna y extrañamente futurista, e imagina un mundo donde cambios en la fertilidad tendrán profundas implicaciones sociales.

La obra de Diego Cañedo, "El réferi cuenta nueve" (1942), trata con un universo paralelo en el que México ha sido invadido por nazis [6]. Es de destacar el clima político del momento [7], con Ross Larson indicando que "Cañedo estaba consternado con la aceptación general en México de la propaganda nazi. Para influir en la opinión pública contra Hitler y en apoyo de los Estados Unidos, escribió una impresionante novela futurista" [8]. Cañedo volvería a la ciencia ficción otras dos veces, con una novela sobre viajes en el tiempo y un tercer libro sobre una máquina que leía los pensamientos de la gente [9].

También es reseñable "Su nombre era muerte" (1947), de Rafael Bernal. La novela de Bernal puede ser resumida como el relato de un hombre que huye de la civilización y aprende a hablar con los mosquitos. Es depresiva, desoladora, y francamente bastante extraña. Bernal escribió otro par de novelas ambientadas en la jungla mexicana, basadas en sus propias experiencias allí, pero este fue su único trabajo de ciencia ficción. A pesar de estos imaginativos escritores y su trabajo, la ciencia ficción mexicana no progresó.

Mientras la Edad de Oro de la ciencia ficción estaba en pleno apogeo en los Estados Unidos, desde la década de 1930 hasta la de 1950, no ocurría nada parecido en México. Tres factores contribuyeron a esta extraña sequía. Aunque los niveles de alfabetización en México han aumentado desde entonces, por aquella época era otra historia. Incluso hoy día leer no es un pasatiempo mexicano común. En un país de 111 millones de habitantes (unos 20 millones de ellos viviendo en Ciudad de México y sus suburbios), cada persona lee alrededor de medio libro al año (aunque una encuesta sobre hábitos de lectura más reciente lo elevó a 2.9 libros al año, todavía una cifra bastante baja) [10].

Además de la baja alfabetización, México estuvo sometida a una revolución de una década, la cual se extendió de 1910 a 1920. En la introducción a la antología "Cosmos Latinos", Andrea L. Bell y Yolanda Molina-Gavilán afirman que "En general... la literatura mexicana estaba caracterizada por una predilección por el realismo crudo que reflejaba la prolongada violencia y la convulsión social de la revolución mexicana" [11]. Un énfasis en la cultura mexicana de después de la revolución -lo que significaba ser mexicano y una redefinición de un país destrozado por constantes batallas- fue un resultado natural. Sin embargo, significó que los vuelos fantásticos fueran relegados a un segundo plano durante la construcción de la nación. Especialmente cuando dichas fantasías tenían una fuerte asociación con el trabajo de extranjeros. La adopción del realismo mágico como una forma de expresión -la cual, después de todo, a veces enfatizaba preocupaciones nacionalistas- significó la exclusión de cualquier otra literatura especulativa de las estanterías.

Finalmente, estaba la economía. La gente simplemente no podía [12](y muchos todavía no pueden) permitirse libros. Podía, no obstante, permitirse cómics. Cómics baratos podían ser adquiridos por unos pocos pesos. Super héroes como Kaliman [13] se hicieron populares porque eran asequibles. Los cómics tenían también otra ventaja: su distribución. Disponibles en puestos de periódicos, un trabajador corriente podría tener más tendencia a entrar ahí que en una librería.

No fué fácil para la ciencia ficción encontrar un punto de apoyo en este ambiente. Algunos escritores, bien conocidos por sus trabajos literarios, continuaron, no obstante, jugando en la ciencia ficción. Juan José Areola, un antirealista con un gusto por lo fantástico y lo humorístico, incluyó "Baby HP" (recolectar energía usando los movimientos de un niño a través de un traje artificial) y "Anuncio" (un anuncio para una muñeca hinchable de tamaño real) en sus colecciones de cuentos fantásticos titulado "Confabulario y otros inventos" (1952). Carlos Fuentes, el reconocido autor de "La región más transparente" y "La muerte de Artemio Cruz", escribió "En defensa de la trigolibia" (una sátira de la guerra fría) y "El que inventó la pólvora" (una crítica a la cultura consumista) en su colección "Los días enmascarados" (1954), que también incluía relatos fantásticos.

Pregunte a un lector medio sobre las contribuciones de Nervo, Fuentes y Urquizo a la ciencia ficción mexicana primigenia y obtendrá una mirada en blanco. Estos autores no son conocidos por sus géneros de ficción. Habitualmente, dichas incursiones son ignoradas. Una razón es, simplemente, que la ciencia ficción -al menos, en su forma tradicional de cohetes y robots- ha sido percibida como eminentemente extranjera. Hay verdad en esto. La constante importación de películas, programas de televisión, y libros de escritores de lengua inglesa ha creado una idea de lo que la ciencia ficción debería y no debería ser, dejando poco sitio para un punto de vista mexicano: es entretenimiento de bajo nivel, un bang-bang hollywoodiense [14].

La ciencia ficción mexicana tiende a enfocarse en aspectos humanos: la interactuación de políticas, economía, religión, y la gente. Encontrarán muchas distopias, dado que México padeció siete décadas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los duros recuerdos de la masacre de Tlatelolco de 1968 permanecen [15]. Pobreza y crimen caminan a tu lado en el metro. Pero hay también cierto optimismo atrevido, el darse cuenta de que México continuará -siempre lo ha hecho- a pesar de sus dificultades.

Cosmos Latinos encuentra tres amplias cualidades en la ciencia ficción escrita en español: su orientación a ciencias sociales sobre cuestiones puramente tecnológicas, su interés en la religión, y su humor. En su introducción a "Más allá de lo imaginado", Federico Schaffler afirma que la ciencia ficción mexicana se distingue por su calidad literaria. Gerardo H. Porcayo una vez dijo que es macabra en el tono y relevante en el fondo.

El erudito de la ciencia ficción mexicana, Gabriel Trujillo Muñoz, por su parte, mantiene que la ciencia ficción mexicana "tiene un deseo de dar voz y un gusto nacional a nuestros caracteres y a las situaciones que viven". Hay un nervioso tic que impone nuestro humor negro sobre el futuro... un deseo de destruir el país y mandar las clases políticas al infierno... hay demasiados apocalipsis en nuestra ciencia ficción y pocas utopías".

Inclasificable como literatura, incapaz de vender como ficción comercial, la ciencia ficción se estableció (y aún se encuentra) en una dificil situación. Así como los años cincuenta llegaron a su fin, era obvia esta precaría posición qué, junto con los otros factores antes mencionados, estaban causando estragos en el joven género.

Explosión y fracaso

Durante los siguientes años, autores como Marcela del Río, René Avilés Fabila, y Alfredo Cardona Peña produjeron numerosos relatos de ciencia ficción. "Crononauta", una revista de ciencia ficción de alta calidad, capitaneada por René Rebetez y Alejandro Jodorowsky, se convirtió en legendaria después de aparecer y rápidamente cerrar en dos números en 1964. Hubo novelas como "La píldora maravillosa", sobre un mundo que se habia vuelto estéril (1970), o "Mejicanos en el espacio" (1968), una space opera en la cual los marcianos bebían tequila y volaban una nave espacial llamada Tenochtitlan. Se hallaba también el ganador del Premio Novela México Trasterra (1973), la cual combinaba un escenario apocalíptico con religión.

Pero las cosas no iban a las mil maravillas. Sí, había sido difícil para la ciencia ficción mexicana encontrar un lugar antes, pero ahora era aún más difícil. Ediciones en español de publicaciones en inglés habían estado apareciendo regularmente, y popularizando autores estadounidenses e ingleses: "Los cuentos fantásticos" (edición mexicana de "Famous Fantastic Mysteries"), "Enigmas" (edición mexicana de "Startling Stories") y "Ciencia y fantasía" (edición mexicana de "The Magazine of Fantasy and Science Fiction"). Traducciones de antologías inundaron el mercado.

La competencia de los mercados en inglés rápidamente inundó la ciencia ficción mexicana, lo cual nos lleva al tema del malinchismo, uno de los legados del colonialismo. El malinchismo se refiere a la preferencia de todo lo extranjero sobre lo nativo. Esto lleva a la extraña práctica de tener anuncios de maquillaje y cremas que son protagonizados por mujeres rubias, nórdicas, y nunca por hembras morenas. Este trato preferente a lo extranjero llevó a incluir en las estanterías traducciones de autores estadounidenses reconocidos, pero apenas había escritores mexicanos (la demanda de ediciones en español de revistas que, como Ciencia y Fantasía, incluían un alto porcentaje de cuentos traducidos también contribuyó a este fenómeno), lo cual significo una batalla cuesta arriba para cualquiera que intentara publicar ciencia ficción en México.

La ciencia ficción mexicana era, en ese punto, una especie en peligro. Fue rescatada en 1984 con aquel famoso certamen organizado por el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Puebla. Fue una inyección de adrenalina, que nos dio la antología en tres volúmenes "Más allá de lo imaginado" (conteniendo el primer relato ciberpunk mexicano), junto con varias novelas y estudios eruditos en el tema, como la mirada de Gabriel Trujillo Muñoz a la historia de la ciencia ficción mexicana en "Biografías del Futuro: La ciencia ficción mexicana y sus autores" (2000). Esto sirvió para crear un clima que permitió a los autores a conectar con otros aficionados de la ciencia ficción, como mostrar su trabajo en publicaciones literarias ampliamente distribuidas como Tierra Adentro. Hubo también un esfuerzo por la "Editorial Vid" de cómics para lanzar un concurso anual de novela de ciencia ficción, que duró varios años.

La edición de 2004 del "Diccionario de literatura mexicana: Siglo XX" tiene una entrada sobre ciencia ficción mexicana, la cual habla sobre la década de 1980 y la generación posterior a dicha década como una compuesta por "Autores que disfrutaban de cierta libertad... porque no se encajaban en las demandas del mercado, y buscaban aspiraciones personales más profundas".

Libertad. Experimentación. Creatividad. Por un momento, pareció que las cosas iban bien. Hubo incluso una explosión de fanzines baratos circulando en las tiendas de cómics, testamentos de un alegre, pequeño movimiento de ciencia ficción. Pero, como expone Gabriel Trujillo Muñoz en un intercambio de correos electrónicos: "Comenzando en 1990... durante una docena de años, hubo un intento consciente de crear una comunidad de ciencia ficción... no echó raices porque las editoriales comerciales no apostaron en la ciencia ficcion mexicana".

Rápidamente, los concursos de ciencia ficción que habían emergido cerraron sus puertas, los ojos de las editoriales dejaron de mirar este subgénero, y supuso la vuelta al principio. Hoy día, Muñoz ve relatos sobre el impacto de la tecnología, el ciberespacio, justicia e igualdad política dominando la ciencia ficción contemporánea. De todas formas, también observa una explosión que se ha acabado y una situación donde "incluso aunque todos los grandes escritores mexicanos lo han practicado (la ciencia ficción)... se avergüenzan de decirlo en público". En breve, ve un movimiento que se ha desbandado y un género que continúa luchando por hacerse notar en la escena literaria nacional.

Y con esto, Muñoz mira tristemente a un futuro que nunca fue, ahora que los grandes premios de ciencia ficción de la década de 1990 han desaparecido, y aquellos magacines y editoriales han parado las prensas. Hoy día, no hay grandes revistas de ciencia ficción mexicana en los puestos de prensa (aunque se puede husmear por un ejemplar en inglés de Asimov) y tampoco grandes editores de ciencia ficción.

No obstante, el cine parece haber abrazado la ciencia ficción mexicana [16]: cinco películas de ciencia ficción mexicana se estrenan en 2010. Éstas incluyen "2033", primera de una trilogía propuesta sobre una Ciudad de México distópica, así como "Noche sin Cielo", la cual ha sido descrita como un filme de desastres, al estilo mexicano, y "La última muerte", con la estrella de las telenovelas Kuno Becker como un amnésico que huye. Un lanzamiento anterior, también merecedor de mención, es "Sleep Dealer" (2009), sobre un joven trabajador mexicano al que le implantan sensores para que pueda controlar un robot en otra localización, lo último en mano de obra barata.

Pero el futuro de la ciencia ficción mexicana no se encuentra totalmente dentro de la pantalla plateada. Con proyectos como los Minibuks publicados por la Universidad Autónoma de Baja California (libros muy cortos conteniendo relatos de ciencia ficción), y la accesibilidad y asequibilidad de los e-zines, un futuro maduro para la ciencia ficción mexicana comienza a dar sus frutos.

Notas al pie

[1]Algunos de estos títulos de nueva ola incluyen "Xxyëröddn" (1984), el cual es descrito en "Latin American Science Fiction Writers: an A-to-Z Guide" como "un tipo de space opera que combina el ambiente gótico, destructivo que carece en los tabúes sexuales del Marqués de Sade con la poesía, escenarios, nombres, y neologismos que son parte de la gran creación y atracción de Samuel R. Delany". También: "La primera calle de la soledad" (1993) de Gerardo Horacio Porcayo, la primera novela ciberpunk y "El dedo de oro" (1996) de Guillermo Sheridan, una sátira social contra el entonces partido gobernante PRI situada en el año 2029, cuando el cielo de Ciudad de México está perpetuamente obstruido por la polución y el presidente es un ciborg, copia de una famosa figura política en la vida real.

[2]El título completo es "Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la luna, y dirigidas al bachiller don Ambrosio de Echeverría, entonador de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad, y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de María de la península de Yucatán". Algo de la ficción corta publicada durante ese período (y anterior) puede ser encontrada online aquí.

[3]"Biografias del Futuro: La ciencia ficción mexicana y sus autores". Gabriel Trujillo Muñoz. Universidad Autónoma de Baja California. 2000. Página 35.

[4]"Latin American Science Fiction Writers: an A-to-Z Guide". Darrell B. Lockhart.

[5]"Eugenia", artículo por Miguel Angel Morales. Reforma. México D.F., México. October 22, 2000.

[6]"Breve Historia de la Ciencia Ficción Mexicana". Miguel Ángel Fernández. 2005.

[7]"Los Nazis en México" por Juan Alberto Cidello (2007) ofrece una mirada de no ficción a la actividad nazi anterior y durante la segunda guerra mundial, incluyendo la revelación de que los nazis colaboraron con los hombres de Stalin para asesinar a León Trotsky en Coyoacán, Ciudad de México.

[8]"Fantasy and Imagination in the Mexican Narrative". Ross Larson. Tempe: Universidad del Estado de Arizona, 1977.

[9]Para más información sobre este autor, consulten "Diego Cañedo: Ciencia ficción y crítica social en tres novelas mexicanas de los años cuarenta" por Juan Carlos Ramírez-Pimienta.

[10]"México encabeza en América Latina la piratería de libros". Diario Crítico de México. Enero 19, 2007. Estudios más recientes pueden ser encontrados en "Se leen 2.9 libros por persona al año, revelan cifras". Febrero 17, 2010.

[11]"Cosmos Latinos". Andrea Bell y Yoland Molina-Gavilán. Wesleyan. 2003. Página 5.

[12]Actualmente, alrededor del 18 porciento de la población de México vive en la pobreza, utilizando la definición de pobreza basada en la alimentación; la basada en recursos disponibles suma más del 47 por ciento, dejando poco dinero para libros. CIA World Fact Book: Mexico.

[13]La industria del cómic en México ha sido rica y abundante, produciendo de todo desde romances como "Rarotonga" como lo que podría ser clasificado como fantasía, horror y ciencia ficción. "Kaliman", introducido en la década de 1960, es un luchador contra el crimen que puede usar telepatía y telequinesia para frustrar a los malvados. Pero incluso cómics "normales" como "La Familia Burron" (imaginen "Los Simpsons", antes de ser siquiera soñados) incluyeron, entre su reparto de personajes, un vampiro y un esqueleto viviente. Un vistazo a los cómics mexicanos y sus elementos fantásticos podría llevar otro artículo completo. O un libro. Pero merece la pena mencionar como lo fantástico ha divergido y echado raíces lejos de las estanterías.

[14]Es irónico que libros como "Su nombre era Muerte", fueron ignorados porque se creía que eran no mexicanos y extranjeros debido a sus temáticas de ciencia ficción, incluso aunque son bastante diferentes a relatos contemporáneos de ciencia ficción estadounidense. "Su nombre era Muerte" fue publicado de nuevo hace cinco años tras pasar cinco décadas, lo cual indica un interés en algunos de estos antiguos trabajos de ciencia ficción. El prólogo a la nueva publicación, escrito por Francisco Prieto, dice que es "una de las mejores novelas de literatura mexicana".

[15]La masacre, también conocida como "La noche de Tlatelolco", tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Estudiantes protestando por que México albergara las olimpiadas de 1968 y por la respuesta gubernamental a manifestaciones previas,fueron violentamente aplastados, provocando heridos y muertos. Los sucesos fueron inmortalizados en un famoso libro por la escritora Elena Poniatowska titulado "The Night of Tlatelolco" ahora reimpreso como "Massacre at Mexico". El suceso sigue siendo recordado hoy.

[16]"El futuro invade las pantallas". César Huerta. El Universal.com. Noviembre 30, 2009.

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