6/20/2011

El trato

He aquí uno de los relatos que he descartado para mandar a este concurso. Con este relato busqué recrear justo el momento de encuentro entre dos enemigos potenciales y como a uno de ellos se le da la vuelta la tortilla sin haberlo previsto. Sin embargo, quizá por su obligada brevedad, no creí conseguir todo lo posible de la historia. Pero juzguen ustedes mismos, sin ambages. Sin cuartel (e ilustración de Todd LockWood)

EL TRATO

Marcas de quemaduras y restos calcinados hacían obvio que uno de ellos habitaba allí. Posiblemente, el que estaba buscando. Un rugido atronador y pasos estremecedores precedieron la aparición del enorme dragón blanco. Sin vacilar, ella le apuntó a la cabeza con su railgun. La criatura, echándose en el suelo, se dirigió a ella,
—Empuñas un arma poderosa, ha abatido a muchos de los míos —No articulaba palabra alguna, usaba telepatía. La guerrera no se arredró por esa voz en su cabeza.
—Contéstame y no tendré que usarla —Su mirada se endureció—. Hace años, un hombre te venció en combate, te perdonó la vida, y se fue contigo. ¡Dime! ¡Donde está!
El dragón abrió los ojos, que brillaban con fulgor propio. La había reconocido.
—Tu padre me habló de ti, humana —dijo acercando su cabeza al arma—. Tienes su arrojo, pero... ¿Su paciencia y visión?
—Maldita sea —replicó ella—. ¡Déjate de rodeos y respóndeme!
—No puedo decírtelo. No se nada de él desde que fue a estudiar con nuestro Gran Decano —respondió la criatura—, hace ya algunos ciclos solares.
—¡No puede ser! —Gritó incrédula—. No tiene sentido. ¡Si queréis liquidarnos!
—¡Mentiras, joven guerrera! —El dragón se incorporó de forma solemne frente a ella, desplegando parcialmente sus alas—. No deseamos vuestro exterminio, ni os odiamos a muerte. Aparecimos para restaurar el equilibrio de la vida en el planeta —Bajó su cabeza y entrecerró los ojos—, a la que suficiente daño habíais causado entonces.
—¿Daño? —bufó ella con incredulidad—. ¿Y todo lo que arrasasteis con fuego?
—Fue lamentable pero necesario —reflexionó el dragón, e hizo una pausa—. Te ofrezco un trato, ayudarte en tu búsqueda, pero deberás ser mi... alumna. ¿Aceptas?
Ella bajó el arma, sorprendida, y miró esos enormes ojos refulgentes. Tras pensarlo un instante, le respondió con firmeza. Días más tarde, increíbles historias de una mujer montada en un gran dragón blanco empezaron a circular entre las gentes.

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