6/21/2011

Exceso de confianza

Aquí está el segundo de los relatos cortos prometidos, pues si no se muestra en público de qué sirve escribir una historia. Para éste me inspiré en los videojuegos conocidos como shooters o, más vulgarmente, matamarcianos. Sin embargo, he cambiado la perspectiva. Compruébenlo ustedes mismos, y opinen. Ilustración de Vinicius Menezes.

EXCESO DE CONFIANZA

Otro destello, otra nave capital abatida. Una nube de restos y una luz –como de una pequeña nova– era todo lo que quedaba de ella, testigo mudo de una batalla tan dura como increíble. El Gran Navegante, comandante en jefe de la flota, observaba, en el holo estratégico, la precisa estela de destrucción que se dirigía, inexorable, a su nave.

Esos malditos sabían muy bien como luchar. La flota, que tan temible había sido para tantas razas de la galaxia, parecía una colección de juguetes frente a esos inesperados adversarios. Dos pequeños cazas con un poder destructivo colosal, la última esperanza de las especies que aún resistían la conquista. Dos miniaturas, las cuales se abrían paso brutalmente entre los gigantes de esa armada sin parangón.

Pero aún no habían vencido. Ni de lejos. La nave insignia les enseñaría lo que es poder bélico. Su capitán, el Gran Navegante, ordenó el despliegue de todos los efectivos a bordo, la carga al máximo de sus escudos, activar todo el armamento. Les daría una cálida bienvenida... ¡Y un glorioso y llameante final!

Una lluvia de rayos y proyectiles recibió a los cazas enemigos. Un devastador muro de luces brillantes que, a pesar de su aterrador poder, no logró destruirlos. Los pilotos eran extremadamente buenos, o quizás la desesperación les hacía escapar de la muerte. Se lanzaron por la nave insignia, infiltrándose a través de la infernal malla de defensa del titán espacial.

Un sentimiento de incredulidad, de estar viviendo una pesadilla, saturaba la mente del gran líder, otrora imbatido. Sólo entonces vislumbró el error: el orgullo y la ilusión de invulnerabilidad había cegado a su mítica armada. Fue lo último que pudo pensar, antes de que esos cazas rebeldes usaran sus alucinantes armas especiales. Como espadas estelares, rebanaron en pedazos la enorme nave enemiga.

Otro destello, otra nave capital abatida. Sus gigantescas ruinas quedaron flotando silenciosas, indiferentes al combate cuyo cariz cambiaba por su presencia.

1 comentario:

  1. Esto de los relatos diarios me esta enganchando, este en particular me ha recordado mucho a la pelicula de Sky Capitan, muy fantastica y con todas esas escenas de lucha entre cazas, es un relato muy grafico y se agradece
    Un beso nene y feliz martes

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