10/03/2011

Esperanza viva


A continuación, mi segundo relato breve para el IX Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2011. Como el del post anterior, no es que se haya cubierto de gloria... pero entre 357 cuentos participantes es normal que ocurran estas cosas. Esto sólo obliga a mejorar y pulir la escritura para poder destacar, así que les invito a opinar sobre el cuento que viene a continuación. El autor de la ilustración superior se identifica por el alias Mold3531.

Esperanza viva

Ha sido invocado, pues han llegado extraños a las puertas. Sale por una pesada portezuela camuflada de la muralla. Toda precaución es poca contra los mutados. Desde el muro, ojos vigilantes observan como su mejor guardián se acerca a los autobuses desvencijados. Enfundado en ropa de cuero, resistente a mordeduras y otras agresiones, el hombre se acerca despacio a las puertas del primer vehículo. Sabe lo que se hace, terribles años de experiencia son su sombra.

Atisba, por toda la carrocería, alargadas manchas de sangre. Algunos restos de vísceras, piel desprendida. Mala señal, alguien ya ha sido corrompido por la plaga. Desenfunda su machete de aleación, al ver como el conductor se transforma entre convulsiones. Con un tremendo embiste, perfora la ventanilla y atraviesa la cabeza del individuo. Un problema menos. Se para y escucha con atención: oye susurros burbujeantes dentro. Están mutando otros, hará falta una desinfección. Se da la vuelta y hace el gesto del lanzallamas a la gente del muro. Después, se dirige al otro transporte. Piensa, sin convicción, que quizá haya suerte en ese. Que quede alguien que se pueda salvar.

Según se acerca, las puertas del vehículo se abren y surgen cuatro seres apenas humanoides. Cubiertos de heridas, pústulas y deformaciones, su mente trastornada sólo piensa en alimentarse. El guardián se lanza por ellos nada más verlos, como una exhalación. No les dejará reaccionar. A dos les consigue cortar de un tajo la cabeza, la hoja que empuña es una centella mortal en su mano. El tercero se le echa al cuello, pero lo contiene con su brazo libre, mientras cercena las extremidades de la última bestia. La acierta en el corazón, y golpea a la restante antes de rematarla.

Entra en el autobús y, para su sorpresa, se encuentra una niña al volante. Mira dentro y no encuentra más que restos humanos, nada amenazante. Vuelve raudo a la inesperada conductora y la revisa meticulosamente. Profundas marcas de dientes cerca del hombro, mierda... Se fija con atención. ¡Han cicatrizado! ¡La niña puede ser inmune a la corrupción de la plaga! La sonríe. La dice que todo está bien, y la pobre rompe a llorar antes de desfallecer. Mientras otros terminan la tarea con fuego, lleva a la chiquilla en brazos, contento. Tras mucho tiempo, por fin alguien ha sobrevivido para llegar a la ciudadela.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado. Realmente te metes y esa ilustración aydua a crea ambiente. Es una prosa descarnada, con mucho ritmo. Aunque protesto por este final. Te quedas como esos infectados, que solo piensan en alimentarse con más historias.
    Felicidades.
    Saludos.

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  2. Me alegro de que le haya gustado, caballero. De los dos relatos que mandé al certamen, este es el que creo que me quedó mejor. Además, me salió casi del tirón. Pero bueno, todavía tengo que mejorar en esto de la narrativa.

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