11/10/2011

Deshacer el mundo

He aquí mi participación en el concurso Domingo Santos. No tuvo la suerte de ser elegida finalista, así que la expongo aquí para que se someta al criterio de quienes deseen leerla. Es una historia de ciencia ficción donde un hombre usará una poderosa máquina para dar una nueva oportunidad a la especie humana. Aunque el proceso para conseguirlo será un poco bestia. He elegido como encabezamiento una ilustración de Daniel Dociu por las dimensiones de la estructura y la sensación de amenaza y misterio que desprende.

DESHACER EL MUNDO

Era una sencilla tarea de configuración, pero estaba concentrado por completo en ella. No quería equivocarse ni en los detalles más nimios, pues así de cruel es la exactitud matemática. Una milésima mal puesta y todo se iría a la mierda, de forma muy precisa y contundente.

No obstante, percibía lo que acontecía en el pasillo de acceso. La batalla arreciaba y, con ella, un sentimiento de preocupación trataba de emerger en el cerebro de Félix. Nika estaba allí, dirigiendo la defensa del laboratorio.
Su hermosa y resuelta Nika.

Terminó de ajustar el prearranque de Arquitecto. Era lo único que faltaba, antes de ponerlo a prueba de verdad. La colosal estructura anaranjada hacía poco tiempo que había sido terminada, con sus conos truncados bien acoplados por sus bases más anchas.

—¡Los de la puerta! ¡Avísadles! ¡Esta listo! —dijo Félix por el comunicador interno.

Desde la sala de control, podía ver a los compañeros apostados en la gigantesca puerta de acceso al laboratorio. Uno de ellos levantó el pulgar y desapareció corriendo pasillo arriba.

Al cabo de un rato, una Nika jadeante apareció en la puerta. Sola. Nadie había querido abandonar el combate, sabían que su muerte era irrevocable. Sólo ella tenía razones para volver y había corrido como nunca para conseguirlo.

—¡Activad...! —empezó a decir entre resuellos— ¡...las defensas que quedan! ¡Cerrad la puerta!

No lo dijo a nadie en particular. Tenía la mirada perdida, intentando asimilar la carnicería del pasillo. Félix llegó a su lado, cogiéndola del brazo con su gentileza habitual.

—Tranquila, siéntate aquí —él hablaba lo más suave posible, dejando que Nika recuperara su sentido de la realidad. Estaba claro que el combate había sido más fiero de lo esperado—. Esta todo listo, ya sólo falta prepararnos...

Ella le interrumpió poniendo la temblorosa diestra en sus labios, no eran palabras lo que necesitaba. Dejó caer su arma y agarró la cara de Félix, besándolo con pasión desmedida. Lo pilló de sorpresa, pero la costumbre había enseñado al hombre a acompasarse con rapidez.

Fue un minuto. Una eternidad. Un instante.

La enorme puerta blindada cayó con estruendo, a la vez que en el pasillo se activaban sus últimas defensas automáticas. Otro pequeño gran holocausto comenzó fuera, pero no importaba. Ni las estrellas tenían reacciones tan intensas.

Aunque, como una supernova, el destello se apagó y volvieron a la realidad.

—Vamos, es hora de prepararte —le dijo Nika, poniendo sus manos en sus hombros.
—Cierto —dijo Félix—, no sobra el tiempo. Podríamos prepararnos juntos...

Nika intentó mirarle a los ojos, pero se dio la vuelta. Parecía a punto de llorar. ¿Por qué? Como si hubiera una señal convenida, un compañero se acercó por detrás de Félix. A la vez, otro entregaba una pistola hipodérmica a la mujer ¿Qué diablos pasaba?

—Mi vida, no iré contigo —dijo ella girándose hacia él. Empuñaba con demasiada firmeza el aparato médico.
—¡Pero... qué! —gritó sorprendido Félix. Ya habían cerrado la discusión sobre eso. Intentó serenarse y razonar con ella —. No... No es justo para nadie. Ni fáci... ¡EH!

El hombre a su espalda le tiró al suelo, inmovilizándolo. Nika se agachó, aguantando las lágrimas todo lo que podía. Pero su determinación era clara.

—Félix, Félix... —empezó a decir al inyectarle el somnífero—. Félix, te quiero.

Fue lo último que el científico pudo oír antes de que el suero le dejara inconsciente.

***

Se sentía algo atontado, pero pudo reconocer que se encontraba en la cabina de control de Arquitecto. No sólo había cambiado el lugar, también su ropa. Le habían puesto el traje de supervivencia, aunque sin enganchar el cable umbilical. El casco, de diseño minimalista y dimensiones ajustadas, reposaba sobre uno de los paneles de control.

Le habían dormido, vestido y metido allí hacía... ¿cuanto tiempo? Siempre guardando la calma, activó todos los sensores y cámaras del ingenio. Había humo en el exterior, no se veía bien. Activando un filtro térmico, pudo detectar una notoria acumulación de gente en donde estaba el puesto de control. Pero varias de las siluetas no se movían y se estaban enfriando. De repente, y aún algo torpe, se fijó en cierta pantalla. Indicaba una comunicación en espera con esa sala. Aceptó la solicitud y una cara casi fantasmagórica se materializó ante sus ojos.

—¡Félix! ¿Ya estás despierto, cariño? —Su mirada estaba vacía y su cara, manchada de sangre, polvo y lágrimas, asemejaba una máscara mortuoria. La visión estremeció al científico—. Ya está todo listo, amor. Puedes lanzarlo ya. Por aquí ya me he ocupado de todo.
—¡Nika! ¡Qué... qué has hecho!

La mujer hizo levemente el gesto de mirar hacia atrás, donde reposaban los cuerpos de sus últimos compañeros.

—No creían muy agradable el morir desintegrados —Suspiró—. Y yo tampoco... Estoy cansada, Félix.... —Sonó un estruendo metálico, la puerta había sido atravesada—. Ya están aquí, será mejor que termines y hagas valer todo... esto.
—¡Maldita sea, Nika! —Félix nunca se había sentido tan impotente, tan desesperado.

Ella se llevó la pistola a su cabeza, a la vez que se giraba hacia la puerta de acceso a la sala

—¡No, no! ¡Para! ¡NO LO HAGAS! —gritó en vano, pero Nika no le escuchaba.
—Mátalo, Félix. Mata a ese cabrón. —Nika se relajó y por última vez volvió a ser ella misma—. Te quiero, científico loco.

Murió al instante, salpicando con su sangre el sistema de comunicación. La imagen que Félix recibía adquirió un escalofriante tinte rojizo. Todo le resultaba irreal, sentía un vértigo y unas nauseas terribles. Un agujero negro en su mente tragó toda emoción e interés por el mundo. Ni todas las fuerzas del universo combinadas podrían devolverle a la realidad.

O quizá sí. Alguien limpió sin ceremonia la sangre del comunicador y pudo ver la cara de un militar.

Le estaba exigiendo su rendición.

Esa orden restableció su cordura, y evaluó su situación. Aparte del suicidio de Nika y los demás, todo estaba yendo según lo previsto. No debía —no podía— defraudarlos. Recuperó la compostura y se dispuso a contestar al hombre, a la vez que iniciaba el lanzamiento de Arquitecto.

—No va a poder ser, oficial. Tengo que rehacer un planeta —dijo con frialdad—. ¡Adiós!

Cortó la transmisión. Debía concentrarse en el control del enorme ingenio. Miró el cuadro de mandos, ya podía empezar la primera fase: la destrucción de la Tierra. Aunque era más preciso decir que iba a fundirla. Pulsó un botón y la máquina descubrió su parte central. Un ardiente anillo de materia, a una temperatura casi de fantasía, estaba contenido por un campo electromagnético de enorme intensidad. Como un cinturón flotante, rodeaba al proyector de partículas con el que la máquina proyectaría ondas de energía destructiva.

El bombardeo con núcleos atómicos comenzó casi al mismo instante que el aro incandescente quedó descubierto. A la vez, un escudo de gran potencia se activó, protegiendo al ingenio de su propia capacidad devastadora. Eso desactivó automáticamente las cámaras y la mayoría de los sensores, pues no servían en esas condiciones. Sólo el sistema de control del reactor y ciertos medidores servían para saber como progresaba esa etapa. Por el momento, había empezado sin inconvenientes.

Félix se fijó en la estimación dada por Arquitecto. En unas horas el fundido del planeta seguiría por sí mismo, y la máquina apagaría su halo destructor. Tras programar la alarma de la cabina, se echó en uno de los dos catres plegables disponibles, intentando no pensar en el que quedaba desocupado.

—Maldita sea, Nika, vaya día para dejarme plantado... —Musitó antes de dormirse. No pudo evitar derramar lágrimas mientras le alcanzaba el sueño.

***

El anillo de condensado hipercaliente seguía emitiendo horrorosas cantidades de radiación y partículas ardientes hacia el exterior. Félix despertó sobresaltado, la condenada alarma había resultado ser un escándalo. Comprobó los monitores, la máquina ya era una nave flotando en un océano de lava. En una hora debería colocarse en órbita. La pasó comiendo algo de las reservas a bordo y después activó el sistema antigravedad.

El titán se elevó sobre el infierno en el que había convertido el planeta, e inició el siguiente paso en el proceso. Eso apagó el sistema destructivo y el escudo de protección, permitiendo reactivar todos los sensores y cámaras en el, ahora, vehículo espacial. Los monitores ofrecían una vista asombrosa. El apocalípsis era total. Lanzó sondas a orbitar la enorme masa incandescente, obteniendo datos necesarios para Arquitecto. Como tétrico colofón a esa primera fase, pudo ver como el último trozo de tierra firme se fundía y la aniquilación de ese mundo se consumaba.

—Nika, lo fácil está hecho... —murmuró, como invocando un ser superior.

De súbito, recordó que debía terminar de acondicionar su traje de supervivencia. Enganchó el umbilical y se afianzó el casco. Ya no había vuelta atrás. De seguro, en las colonias de Luna y Marte estarían preguntándose que diablos pasaba. No importaba, lo que venía ahora era lo realmente impresionante. Activó la siguiente secuencia, en la que Arquitecto se sumergiría en ese infierno licuado y lo transformaría en la Tierra de hace sesenta y seis años.

El procedimiento para lograrlo combinaba unas matemáticas de salvaje complejidad, creación casi exclusiva de Nika, con lo mejor de la robótica y la nanotecnología humana. Por supuesto, todo ello impulsado por el motor de fusión más potente que había podido ingeniar Félix. Arquitecto era, en verdad, lo más próximo a un semidiós en los cielos de la Tierra.

El titán se sumergió hasta el centro del planeta, activando su escudo protector de nuevo. Esta vez aumento su radio de alcance, permitiendo a sus nanomáquinas acercarse a la materia candente, recoger átomos y ajustarlos según estimara conveniente el cerebro cuántico de su nave nodriza. Todo ello mientras Arquitecto se desplazaba en espiral hacia la superficie y se volvía a sumergir al núcleo, como si cosiera la materia en su lugar. Toda la transmutación se realizaba atendiendo hasta el más mínimo detalle que se debiera aplicar en el proceso, desde formar el núcleo hasta la composición atmosférica.

Ciertamente, todo lo que hacía la máquina era un prodigio. Pero Félix tenía su mente sorbida por las dudas. ¿Era excesivo todo eso? ¿Seguro que no hubo otra opción? ¿Saldría bien? Cada mínima desviación en los valores aumentaban su angustia, pues nunca habían probado el proceso en un sistema tan grande y complejo como era la Tierra. Debería aguantar en esa pequeña cabina el tiempo que tardara Arquitecto en reconstruir el planeta.

***

Varios días necesitó el ingenio para la transformación, jornadas llenas de incertidumbre para su afligido pasajero. Félix tenía su mente al límite, quería salir ya de allí, comprobar si realmente el plan había funcionado. Arquitecto había vuelto a la órbita y recopiló datos de sus satélites. La Tierra de hace 66 años estaba ahí delante, o eso indicaban los valores recogidos. Félix sabía que sólo faltaba una cosa, aterrizar y verla por sí mismo.

Resuelto a acabar de una vez por todas, Félix se dirigió a la pequeña lanzadera en el extremo superior de la máquina. Arquitecto se abrió como una flor y la nave se separó con gracia. Destino, la ciudad natal del científico. Allí también estaría ÉL.

Aterrizó en un descampado a varios kilómetros de la urbe. Se cambió de ropa y revisó su bolsa de viaje. Llevaba víveres, un revolver, munición y una mira telescópica adaptada. No olvidó programar la nave para que en 10 minutos despegara, volviera a Arquitecto y explotara justo después de reengancharse con él. No quería dejar toda esa tecnología descuidada.

Sólo quedaba poner sus pies sobre esa vieja, pero nueva, Tierra. Abrió la compuerta ventral y miró al suelo.

—Qué diablos estoy mirando —se espetó a sí mismo—. Vamos allá.

Salió de debajo de la nave y observó los alrededores, no había ni rastro del infierno que había desencadenado hacía sólo unos días. El aire, la vegetación, el terreno... todo era más o menos como lo recordaba. Se alejó de la nave, y espero a que despegara. Observó su ascenso, hasta que su vista no la distinguió más, esperando al enorme fogonazo que indicaría el éxito de la autodestrucción.

Sin embargo, una blancura total le cegó antes de lo previsto. Tras unos minutos de confusión, Félix se encontró sentado en el suelo.

—Pero que rayos... —murmuró con desconcierto—. ¿Me he desmayado?

Miró a su alrededor, todo parecía en su sitio. Estaba extrañado, no se había mantenido mal mientras estuvo en Arquitecto, y estaba habituado a las misiones espaciales. Se quedó sentado, mirando al cielo, pensativo.

—Da igual, tengo que acabar con esto...

Empezó a andar y llegó a un camino que llevaba a la ciudad. En el trayecto se fijó en todo lo que pudo: la hierba, las piedras, incluso en el polvo que levantaba al caminar. Era alucinante, Arquitecto había reconstruido todo. Pero lo mejor fue encontrarse insectos, pájaros... y personas. A lo lejos pudo ver como un hombre corría con un perro galopando a su lado. Se quedó en shock, casi sin aliento. La naturalidad de la escena le resultaba sobrecogedora, pues no había mejor prueba que esa del éxito del plan, y sus ganas por llegar a la ciudad se redoblaron.

Fue el paseo más raro de toda su vida, más incluso cuando llegó a la urbe. Las casas, los vehículos, la moda... todo correspondía a la época. No obstante, recordaba que las matemáticas de Nika predecían errores sobre un dos y un cuatro por ciento de toda la materia trasmutada. Era algo difícil de percibir a simple vista, pero no tenía modo de cerciorarse. Paseó hasta convencerse de que todo lo que veía era correcto, tras lo cual se encaminó hacia su antiguo barrio. Allí ejecutaría la última parte de su misión.

Al llegar, se quedó admirando el lugar un momento. La desvencijada plaza donde jugaron horas y horas Félix y su ahora objetivo... Agitó la cabeza y fue al edificio donde estaba, de nuevo, el piso de sus padres. Ya era noche cerrada, así que nadie le molestó cuando forzó el portal, ni cuando accedió al tejado.

Se sentó a esperar, sin ganas de dormir. No pudo evitar pensar en todo lo que había sucedido para llegar a esa situación. Desde la unificación de la humanidad bajo un sólo gobierno, a cómo el artífice de ese logro se obsesionó con hacer perdurar a la raza humana. “La colonización es el futuro”, repetía en algunos de sus discursos. Nadie le dijo que no hasta que impulsó la “mejora de la especie”. La conversión de todos los humanos en seres eficaces y eficientes, máquinas perfectas para habitar otros mundos. De hecho, ni los animales se libraron del plan. Como siempre, hubo grupos de poder que evitaron recibir ciertas mejoras cerebrales impuestas por el gobierno. Una nueva casta privilegiada de la que Félix había sido uno más, no en vano era el hermano del Gran Líder.

Nika y los rebeldes le enseñaron la verdad de todo ese tinglado y le pidieron ayuda. Primero intentó el viaje en el tiempo, pero acabó demostrando su imposibilidad. La única opción que les quedó fue ese extraño fenómeno que descubrió en sus investigaciones. Con la guerra perdida, se sintieron acorralados y no vieron más salida que crear el Arquitecto. Para la humanidad sería una auténtica segunda oportunidad, aunque nunca lo supieran, a la que Félix iba a dar el remate final pronto.

—Ah, Nika... —suspiraba el hombre—. No pudo ser de otra forma. ¿Eh? Ya queda poco...

Félix recordaba como él y su hermano salían a la calle pronto las mañanas de verano. A veces bici, a veces pelota... Pero ese día sería diferente. Se acabarían los juegos antes de empezar. La hora se acercaba, y su ansiedad aumentaba. Iba a matar a un niño, maldita sea, que encima era sangre de su sangre. Pero millones de vidas reclamaban ese sacrificio, no había marcha atrás posible. Además, técnicamente no era su hermano, sino una copia restaurada del pasado.

Sacó de la bolsa la pistola, un Colt Python con mira telescópica. Una reliquia en el año del que Félix “venía”, pero no en esa Tierra reconstruida. Cargó el arma, montó la mira y apuntó a la calle. No tuvo que esperar mucho, vio salir al crío corriendo con ganas hacía el parque. Detrás de él, otro algo más mayor. Félix se reconoció y sintió una punzada de culpabilidad. Iba a dejar una cicatriz profunda en la mente de su otro yo infantil.

Pero estaba resuelto a hacerlo. Reguló la mira mientras apuntaba y amartilló el arma.

—Ricardo, lo siento de veras... —dijo en voz baja, regulando su respiración mientras tanteaba el gatillo.

De repente, sintió pasos a su espalda. Se quedó de piedra, no había oído rechinar a la puerta del tejado. Al girarse, no pudo ser mayor su sorpresa. Cuatro soldados con armas automáticas le apuntaban, mientras que un aerodeslizador flotaba silencioso sobre ellos. Un quinto hombre les comandaba, y estaba encañonando a Félix con un revolver. Uno demasiado parecido al suyo.

Subió la mirada, despacio, y se encontró con su viva imagen. Más joven, más atlético, mucho más decidido. En sus ojos se podía leer una sola idea, venganza.

—¿Félix Lobo Machado? —preguntó el viejo al más joven.
—Puedes jurarlo. ¿Ibas a matar a mi hermano?
—Puedes jurarlo —repitió con sorna.

Justo en ese momento había entendido lo sucedido antes, cuando creyó haberse desmayado en el descampado. La Tierra había sido reconstruida otra vez, y él era una copia de sí mismo. Las implicaciones de todo eso amenazaban con reventar su cordura.

Suspiró, y miró a los ojos a su versión rejuvenecida.

—¿Te matarás a ti mismo? —preguntó sin ambages.
—¿Cómo?

El Félix más joven no se había reconocido en el avejentado rostro al que apuntaba. El viejo se levantó, despacio, para encararse y continuó.

—¿No lo ves? Yo también soy Félix Lobo Machado. Otra copia, mejor dicho —hizo una pausa, dejando que sus palabras fueran asimiladas—. Debemos hablar.

6 comentarios:

  1. Una vez más soy el primero en comentar, así que aprovechare también el hecho para explayarme un poco.

    Primero, una curiosidad ¿por qué colgar el relato, en lugar de buscar amigos que te puedan echar una mano en buscarle fallos que no hayas visto? Lo digo porque al publicarlo en la red se supone que esta versión no podrás presentarla en ciertos concursos ("nunca publicado con anterioridad")... you know....

    Segundo, decirte que la historia es interesante pero la parte sentimental me parece un poco desapasionada. Y los viajes en el tiempo (que, sea como sea, es lo que al lector le parece que ha ocurrido) quizá son un poco manidos. También te diré que a mí igualmente me han dado calabazas este año (lo mio era humor-fantasía).

    En cualquier caso, mucha suerte en tu próxima aventura concursante.

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  2. Lo primero, gracias por dar tu opinión. Ahora prepárate que viene mi respuesta. Sobre el primer punto, normalmente los concursos literarios no aceptan obras ya presentadas en otros, aunque también hay algunos que no tienen esa restricción. Conclusión, me da igual publicarlo aquí una vez que ha sido rechazado.

    Si la parte sentimental no ha parecido suficientemente intensa, ya lo siento pero no tuve sitio para más. Tampoco quería que fuera excesivamente larga, era sólo una forma de comenzar la historia. Lo primordial es el elemento de ciencia ficción. Y no, no es un viaje en el tiempo, es la reconstrucción completa de un planeta a como era en un tiempo pasado (el resto del universo sigue a su ritmo). Y lo que es peor, la sorpresa de la subsecuentes reconstrucciones (la gente no se conforma con una vez).

    ¿Qué tiene de malo revisitar una temática? Hoy día estamos saturados de zombis y no parece que la moda vaya a parar pronto, muy mal argumento es "no hagas esto que está muy visto" para criticar una obra. Con esa regla de tres olvídate de usar jamás naves espaciales, guerras intergalácticas y antihéroes en tus escritos. Este ha sido mi intento de acercarme a esa problemática de una forma que no recuerdo haber visto planteada en ninguna parte.

    Este relato, como otros que he hecho, lo hice llegar a gente dispuesta a leerlo y me han concedido su crítica. Gracias a ellos hice cambios, no lo dudes.

    Por supuesto, tengo en cuenta tu opinión pero no olvido nunca que el libro de los gustos está escrito por millones de manos...

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  3. Hombre, que te impidan presentar relatos premiados en otros concursos ya lo entiendo. Y lo normal es que te pidan que el relato no esté presentado a otro concurso (por aquello de que ganase los dos), pero lo que tú me comentas no creo que nunca lo haya visto...

    Aparte, abundando en la parte ci-fi del relato, insisto: la mayoría de la trama depende de elementos característicos del viaje en el tiempo. Aunque tú lo denomines reconstrucción, considero que deberías haber buscado algo que lo hiciera claramente diferente. Sobre todo, creo que al relato le beneficiaría haber ahondado un poco en la teoría (por muy fantástica que fuera) que explicara cómo funcionaba el Arquitecto. Insinúas cosas, sí, pero sin dar detalles, y eso coloca el relato en un género más bien pulp. Y a mí me da la sensación que el Domingo Santos busca una ci-fi un poco más sesuda.

    Además, releyendo, te pongo una duda... ¿No debería ser destruido el prota en la siguiente reconstrucción? Yo entiendo que sobrevive a la primera porque está dentro de la nave, pero luego...

    En lo del libro de gustos no puedo estar más de acuerdo, eso sí, porque esta semana (y lo que va de mes) me han dado calabazas en cuatro o cinco concursos...

    Y ya no debato más, que no quiero convertirme en el Dr. Doom de tus artículos. :P

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  4. El protagonista sobrevive a la primera reconstrucción, porque es la que él ha lanzado. Pero hay otra cuando el ya ha vuelto a la Tierra, con lo cual, el Félix que habla al final con su yo joven es uno reconstruido (sin olvidar al Felix niño que sale a jugar a la calle).

    Si esto es pulp, pues mira que bien, pero no había sitio para muchas explicaciones. Asimov y otros grandes también fueron publicados en ese formato. He de recordarte el límite máximo impuesto a los textos presentados, y tuve que recortar mucho de lo que había escrito en principio.

    Que no se entienda bien el funcionamiento de la máquina es comprensible, especialmente cuando te das cuenta que se pueden acumular las reconstrucciones (y los errores). Esencialmente son dos partes: una destructora usando el poder de un poderoso motor de fusión nuclear, y otra constructora, que usa un avanzado sistema informático combinado con el uso de robótica y nanotecnología. Vamos, lo que cuento en el relato... La parte de las fórmulas cuánticas la dejaré a los profesionales del ramo.

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  5. Pues me has dejado helada la verdd, cuanto hay para explicar en tan poco espacio, ya veo por algún comentario que has tenido que recortar el texto, lastima, pero creo que se entiende a la perfección, además de que la intriga y las imagenes que transmites están muy logradas. Esa charla final de los dos Felíx me arrancó una sonrisa y saber que la discursión que supuestamente vendría despues sería acalorada me hace pedir más y más jajja
    Me gusta el funcionamento de tu mente, gran historia esta de mundos en destruccion y posterior reconstrucción por el bien común, ¿por el bien común? ....... jajaja
    Un beso a cambio del placer de leerte, gracias.

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  6. Gracias a tí por comentar. La discusión que tuvieran después, más que acalorada iba a ser traumática. La verdad que la historia que se desprende del relato daría para una saga completa. A ver si voy mejorando en esto...

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