5/18/2012

El aviso de Wade

El western es un género muy viejo (surgió en el siglo XIX, creo recordar) que ha dado muchas historias en diversos formatos, desde novela hasta el cine. Lo que no ha sido tan común es mezclar el salvaje oeste con elementos fantásticos, es decir, manteniendo el estilo inconfundible del género como se ha hecho en películas como Cowboys Vs Aliens, la tercera parte de Regreso al futuro o la comedia de acción y steampunk Wild Wild West. Así pues, se me ocurrió hacer una historia que mezclara revólveres y algún elemento de fantasía. Como al final no lo he visto como buen candidato para el concurso al que pretendía enviarlo, lo he modificado y he decidido dejarlo aquí para quien le apetezca leerlo. Los comentarios serán siempre bien recibidos.

El aviso de Wade

—Interesante Colt, señor Wade —observó Lonergan, sopesando el revólver en su mano—. He oído decir que si lo toca alguien que no sea usted, muere. ¿Es eso cierto?

El desarmado pistolero, retenido en el aire por un encantamiento del hechicero, sonrió burlón.

—Tenga cuidado, es una maldición que suele cumplirse —replicó con frialdad.

Sin gesticular siquiera, Lonergan aumentó la fuerza de su invisible presa. Ben Wade apretó los dientes y ahogó un grito de dolor, un poco más y le rompería los huesos. El hechicero siguió hablando como si nada.

—Orgulloso hasta el final. ¡Bien! Dígame, ¿venía a robar de todo o algo en particular?

Lonergan clavó su mirada en su cautivo, y se sorprendió al ver que el cabrón aún sonreía irreverente.

—Ya sabe, amuletos para sobrevivir mejor en este mundo tan raro  —replicó Wade con dificultad. Acusaba la falta de aire en sus pulmones— . El revólver ya no es suficiente, no como antes del cataclismo.
—Pero fracasaste, Wade —concluyó Lonergan, tirando el revólver con desprecio.

Ben enderezó el cuerpo todo lo que pudo, con su rostro tornado en un gesto bribón y la voz enronquecida pero claramente amenazadora.

—Quizá no. ¿Le suena el anillo de las ánimas? Usted lo tenía por ahí, tirado como una baratija. Ahora... Adivine quien lo lleva puesto.

La habitación se enfrió en un instante y oscuros espíritus huracanados invadieron la estancia, precipitándose sobre Lonergan. El mago intentó zafarse del ataque, lo que le hizo perder la concentración sobre Wade. Éste cayó al suelo, libre de la garra invisible que le atenazaba y se lanzó a por su revolver. Se incorporó y  a un pensamiento suyo, algunas almas se concentraron en la pistola. El hechicero pudo ver entonces cómo la mano que le apuntaba llevaba puesto un sencillo anillo grisáceo, grabado con finas runas plateadas. Se maldijo a sí mismo. ¿Cómo diablos pudo haberlo olvidado? Abrumado por el estupor y rodeado de espectros, intentaba pensar en alguna defensa efectiva contra proyectiles poseídos.

No consiguió recordar ninguna.

La bala, negra como una noche sin luna, hendió el cuerpo de su víctima sin compasión, directa hacia el corazón. Ben Wade enfundó su arma y dedicó una última mirada al defenestrado mago.

—Deberías hacer más caso a las advertencias de los demás, amigo.

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