4/09/2013

Depredadores naturales


Ni idea de quien ha hecho la ilustración que encabeza esta entrada (lo encontré en esta página), pero es lo más adecuado que he encontrado para acompañar el relato que podrán leer si entran en esta entrada. Sí, hay dinosaurios en él, culpa de que algún amigo me dijera que todo lo que lleva dinosaurios mejora automáticamente. El caso es que no me veo presentándolo a concurso alguno así que aquí lo dejo, animando un poco ProseRage. Un relato cortito con cierto aroma a pulp.

DEPREDADORES NATURALES

En la recortada sólo quedaba un cartucho y acabó no siendo para ella. Se lo comió enterito el podrido desgraciado que la descubrió. El disparo alarmó al resto de la jauría y tuvo que lanzarse de nuevo a la carrera. Pero ya no tenía munición, ni fuerzas. Sus piernas no aguantaron más y acabó rodando por el suelo.

Tendida y resollando su desesperación, esperó la muerte, maldiciendo el haber dudado en emplear ese último tiro sobre ella misma. No quería morir devorada por caníbales descerebrados y aún menos convertirse en uno de ellos.

Pero fueron extraños graznidos, venidos de todas partes, lo que la alcanzó primero. Incluso los zombificados se detuvieron, confundidos. Quizá por culpa de un residuo de miedo instintivo que aun perduraba en sus cerebros dañados. La mujer se levantó con esfuerzo y miró alrededor suyo.

Creyó distinguir siluetas entre los ruinosos edificios. Algo merodeaba por ahí, acechando cada vez más cerca. De repente, notó una respiración a su espalda. Envarada por el miedo, giró la cabeza y se petrificó al verlo. A pesar de su plumaje, llegó incluso a reconocer la especie. Velociraptor.

Un dinosaurio, vamos. Un maldito dinosaurio estaba allí, olisqueándola como si nada. Tras terminar su inspección, el animal chilló y un centenar de sus hermanos invadieron la calle, rodeando a los cadáveres andantes. La batalla subsecuente no fue tal, sólo una masacre inerrable.

Consternada e incrédula todavía, la mujer observó como sus pútridos perseguidores eran destrozados por esos enormes reptiles imposibles. Pero no se quedaría hasta el fin de esa carnicería. El dinosaurio que había aparecido a su lado empezó a trotar hacia una calle lateral, aunque se detuvo a las pocas zancadas. Miró hacia atrás, dejando claro lo que esperaba de ella.

La mujer sólo dudó un instante antes de decidirse a ir tras el animal. Tras ella un informe coro de gritos, inhumanos hacía tiempo ya, era extinguido por un silencio letal e implacable. Mientras caminaba tras ese inesperado salvador y guía no pudo evitar pensar que, en cuestión de minutos, su vida se había vuelto mucho más interesante.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada