4/14/2015

El peso del corazón, de Rosa Montero


Quizá El peso del corazón no parezca el título más adecuado para una obra de thriller detectivesco y futurista. Aún así, esto último es lo que, en parte, pretende ser el libro más reciente de Rosa Montero. La veterana autora ha retomado a su androide detective, Bruna Husky, y la ha metido en una historia aderezada de crítica social y medioambiental. De este modo, con la acción situada de nuevo en esa supuesta Tierra de dentro de un siglo, Montero ahonda en los males de ese mundo por venir y... En los mismos defectos que lastraban a la primera aventura de Husky.


ANTECEDENTES
No contaba con volver a leer otro libro de este personaje, si les soy sincero. Pero Seix Barral tuvo el detalle de ofrecerme un ejemplar físico (mi agradecimiento a la editorial, por cierto) y lo acepté. Tenía curiosidad de ver si la escritora había superado los puntos negros que había notado en la novela anterior —Lágrimas en la lluvia—, sobre la cual ya di mi opinión, y poder leer un libro reciente de ciencia ficción española era un aliciente extra. Lamentablemente, la experiencia ha estado significativamente lejos de lo que esperaba —o deseaba— encontrar. Pero déjenme ponerles primero en situación.

EL ARGUMENTO
Contratada para resolver un caso a primera vista sencillo, la detective Bruna Husky se enfrenta a una trama de corrupción internacional que amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio entre una Tierra convulsa y la dictadura religiosa de Reino de Labari. En un futuro en el que la guerra está supuestamente erradicada, Bruna lucha contrarreloj por la libertad y en defensa de la vida, mientras asimila los sentimientos contradictorios que le produce hacerse cargo de una niña pequeña. Bruna Husky es una heroína extrema y fascinante; una superviviente capaz de todo que se debate entre la fragilidad y la dureza, entre la autosuficiencia y la desesperada necesidad de cariño. Es una fiera atrapada en la cárcel de su corta vida, un tigre que va y viene ante los barrotes de su jaula «para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación», como el felino de la bella frase de Elias Canetti.
El peso del corazón es un thriller, una novela de aventuras política y ecológica, una historia de fantasía y ciencia ficción, un relato mítico, un cuento para adultos, una reflexión sobre la creación literaria, una metáfora sobre el peso de la vida y la oscuridad de la muerte… ¡Y una historia de amor! Rosa Montero regresa al mundo fascinante que creó en Lágrimas en la lluvia y nos sorprende de nuevo con esa potencia narrativa que ha convertido a Bruna Husky en una protagonista legendaria.
Les daré algunos detalles extra que no indica la sinopsis. En la —por el momento— bilogía que forman este libro y su predecesor, Rosa Montero tomó de Blade Runner algunas ideas, como los androides con fecha de caducidad o la extinción de múltiples especies animales. Sin embargo, en el texto no se usa la estética decadente y noir de aquella película. La humanidad en la que vive Bruna Husky recuerda la nuestra, con las desigualdades también repartidas en función a criterios económicos y con su buena ración de problemas medioambientales. La diferencia el haber logrado el contacto con alienígenas, el desarrollo práctico del teletransporte y de otras tecnologías, y la existencia de colonias orbitales sobre la Tierra. En conjunto, la autora ha desarrollado un amplio trasfondo histórico, social, político y tecnológico sobre el que basar las historias de la androide.
Aparte, reaparecen varios de los personajes secundarios que la escritora volcó en la primera novela aunque, por lo general, en papeles más reducidos. Por supuesto, surgen nuevos sujetos que complicarán las cosas a la detective replicante. Todo esto, más el poso de todo un siglo de historia y otros muchos detalles que la autora ha creado para esta obra y su antecesora debieran haber sido base suficiente para una narración interesante. Pero la documentación sólo es un paso previo en la gestación de una novela.

HAY LECTURAS QUE DUELEN
Miren, muy pocas veces he dejado un libro a medias, pero con El peso del corazón poco me ha faltado. El canto de un duro, o menos, e indignado para rematar. ¿Las razones? Las resumiré en un par. Primero el afán de la autora por explicar, más que narrar —incluso por boca de sus personajes—, sucesos y descripciones. Segundo, y más grave aún, la anulación total, constante y absurda, a la que reduce a la protagonista. Para más inri, estos dos problemas acaban relacionados.

NÁRRAME EL MUNDO, NO ME LO EXPLIQUES
Durante la lectura tropecé más veces de las necesarias con párrafos méramente explicativos. En esos bloques Montero da datos, nombres y demás que, en su mayor parte, no son relevantes a la historia. Me parece muy bien que quiera mostrarnos lo más posible de esa Tierra del futuro, pero es poner obstáculos al flujo de la narración. Esos textos, a veces de corte cercano al enciclopédico, no ayudan a que la historia progrese.
Peor aún, la autora hace que algunos personajes secundarios den esas explicaciones porque sí. De hecho me he percatado de que se comportan igual que los llamados NPC (Non Playable Character, personajes no jugables) que aparecen en los videojuegos de rol llenando ciudades y edificios. Son entes con una sóla función, dar una información o pista concreta al jugador. En El peso... llegan a soltar parrafadas considerables —e inexplicables— que, una vez más, frenan la narración. Y para los que no han leído la novela anterior, sepan que en esa es aún peor. Aquella tiene capítulos enciclopédicos intercalados entre los de propia historia. Sin embargo, en este segundo libro han tenido el detalle de dejar esos textos adjuntos al final como un apéndice. Todos... Menos uno que aparece por el último cuarto del libro, cual tigre asaltando al lector —yo mismo— que se pensaba ya libre de ellos. Cuando lo ví no pude evitar sonreir, la verdad.

EL DRAMA DE LA PROTAGONISTA MULTIPLICADA POR CERO
Las explicaciones se acaban tolerando, la verdad, si se leen por encima. Con lo que no se puede transigir es un autor desaproveche tanto —y por segunda vez consecutiva— a un personaje principal. Bruna Husky es un androide de combate, más fuerte, con mejores sentidos que un humano normal, curtida en la guerra y la muerte. Con todo eso tiene el potencial de ser un personaje de thriller potente y resolutivo, de los que dicen la última palabra para resolver un caso. Pero no en manos de Rosa Montero, quien muy efectivamente desaprovecha totalmente las virtudes de su detective.
Nada importante logra Husky por su cuenta, todas las pistas la llegan sin haber tenido que esforzarse en, por ejemplo, sonsacárselas a alguien ensuciándose las manos o tras una persecución a través del Madrid futurista en el que vive. No, todo lo importante se lo dan los secundarios, todo se lo resuelven. Ella vive atrapada en un halo de incapacidad permanente que la impide no hacer mucho más que beber vino blanco y ser mera espectadora de cómo se resuelve la historia.
Les ilustraré este problema con un ejemplo simple. Imagínense, el héroe en la escena cumbre de la película. Por fin se encara con el agente corrupto que llevaba siendo su sombra demasiado tiempo. Pero, en la versión de Montero, no habría pelea épica. El asesino deja incapacitado al héroe, y se lleva fuera de cámara al secundario que le acompañaba. Pasan los minutos y el héroe sigue tirado en el suelo, atrapado por unas vigas que le han caido encima. Ojo, eso es lo que enfoca la cámara. No sabemos nada del secundario ni del agente. Al final, tras un período considerable de tiempo aparece el secundario, moribundo, y le cuenta cómo se ha cargado al agente corrupto. Se lo explica. Simplemente genial.
Otro ejemplo, este sí —aviso de antemano— sacado del libro, es cuando Husky ha de infiltrarse en una colonia espacial. Ya lo había hecho en el pasado, y no la había ido muy bien, pero tiene que volver a hacerlo. El problema es que la escritora ha construido la colonia como un reino ultramachista que no admite androides y en el cual las mujeres cuentan muy poco, tan poco que los hombres ni las hablan directamente. Y eso es un problema para una fémina detective, como podrán suponer, y un potencial callejón sin salida para un escritor.
Para resolverlo, la autora juega seguro: uno de los secundarios de repente es más de lo que parecía y ya pueden ir y volver de Labari con sorprendente facilidad. Sorprendente dado lo mal que se pintaba la infiltración. Hubiese sido notablemente más interesante que Bruna hubiese resuelto el problema por su cuenta, haciéndose pasar por hombre. Ah, eso no es todo. Antes de irse a dicha colonia, su amante —otro secundario— la pega un dispositivo de seguimiento permanente por amor, aunque mintiéndola sobre el funcionamiento del aparato. Traducido, no la ve capaz de hacer nada sola y prevee que va a tener que ir a rescatarla en cualquier momento. Claro, ya tiene la experiencia de la novela anterior...

NO HABRÁ MÁS BRUNA HUSKY PARA MÍ
Hay más detalles que podría abordar, pero con toda esta parrafada ha quedado clara mi postura: no puedo recomendar este libro. Si la autora se hubiera concentrado más en resolver mejor la trama y la forma de narrar la misma o, aún más importante, hubiera exprimido el potencial de la protagonista, quizá la cosa hubiese resultado mejor. El futuro que Rosa Montero ha ideado puede estar lleno de detalles y de múltiples capas, pero no leemos novelas para que nos expliquen otros mundos. Las leemos para vivirlos a través de la piel de otros.

FICHA TÉCNICA
Título: El peso del corazón
Autora: Rosa Montero
Sello editorial: Seix-Barral (grupo Planeta)
Primera edición: Febrero de 2015
Colección: Biblioteca furtiva
Presentación: Rústica con solapas y faja
Páginas: 397
ISBN: 978-84-322-2419-5

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2 comentarios:

  1. Y es que las críticas sinceras valen un cielo. No las atroces, las que nacen de un razonamiento.
    ¿A Rosa Montero no le llegaba para la cuota de la hipoteca....?
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Lo gracioso del asunto es que estoy viendo otras reseñas y no parecen estar hablando del mismo libro. A más de uno le diría que si quieren un ejemplo de androide en femenino, que se lean Preludio a la Fundación y Hacia la Fundación. Sé que no son consideradas de lo mejor de Asimov pero... Es que no hay color.

      Por cierto, me alegro de leerle por aquí, Mr. Kutuzov.

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